
La palabra ‘menisco’ aparece con frecuencia en resonancias, pero no todas las lesiones se tratan igual. Algunas mejoran con rehabilitación; otras, cuando provocan bloqueo o síntomas mecánicos, pueden beneficiarse de cirugía artroscópica. El diagnóstico correcto evita sobretratamiento.
Los síntomas más comunes incluyen dolor en la línea articular de la rodilla, inflamación que aparece después de actividad física y molestias al doblar o girar la pierna.
También pueden presentarse chasquidos dentro de la articulación y, en algunos casos, sensación de bloqueo o de que la rodilla se “atora”. Estos síntomas pueden variar según el tipo de lesión y su localización dentro del menisco.
El diagnóstico se basa en una exploración física cuidadosa realizada por el especialista, quien evalúa el dolor, la movilidad de la rodilla y ciertas maniobras clínicas que orientan hacia lesión meniscal.
Además, se solicitan radiografías para evaluar desgaste o cambios articulares. La resonancia magnética puede utilizarse cuando ayuda a confirmar el diagnóstico o a decidir si el tratamiento debe ser conservador o quirúrgico.
El tratamiento puede ser conservador o quirúrgico, dependiendo del tipo de lesión y de los síntomas del paciente.
El manejo conservador incluye rehabilitación, fortalecimiento muscular y control de carga en la rodilla. Cuando existen síntomas mecánicos persistentes o ciertos tipos de desgarro, puede considerarse la artroscopía de rodilla, un procedimiento mínimamente invasivo para tratar la lesión.
El regreso a las actividades se define principalmente por la evolución clínica del paciente y la recuperación de fuerza y movilidad en la rodilla.
En general, el objetivo es retomar las actividades de forma progresiva, evitando sobrecargar la articulación. Un programa de rehabilitación guiada ayuda a lograr un retorno seguro a las actividades cotidianas y deportivas.
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No. Muchas lesiones se manejan con rehabilitación y fortalecimiento, dependiendo del tipo de desgarro y de los síntomas.
Es una lesión relacionada con desgaste del tejido del menisco, más común con la edad. El manejo se individualiza según los síntomas.
En muchos casos sí, siempre que se realice un plan de rehabilitación adecuado y un retorno progresivo a la actividad física.
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